LA MALETA

Recuerdo que estaba de vacaciones unos días en una ciudad alemana, año 2050. Era la última noche antes de volverme a España y mi amigo Carlos Soria que vivía en la zona del aeropuerto me acompaño para despedirnos. Estábamos en la azotea de un edificio, aquel barrio donde nos encontrábamos no era peligroso pero sí que nos dijeron una recomendación bien clara, y es que, si bajábamos por la izquierda, nos adentraríamos en la zona chunga y posiblemente, como mínimo, nos robarían todo. Cuando Carlos se fue, yo me puse en marcha para coger el avión, iba con unos libros bajo el brazo y mi patinete eléctrico pero caí en la cuenta de que se me había olvidado la maleta en el hotel. No tenia dinero, no tenia pasaporte, era de madrugada, sin hablar ingles ni alemán y empecé a ponerme un poco nervioso. Pensé en llamar al hotel pero no me había guardado el número ni sabia la dirección y la única solución que se me ocurrió es buscar en el registro de llamadas. Probé con varios sin obtener respuesta pero al tercer intento me lo coge un hombre, y sin entendernos demasiado, le consigo explicar donde estoy para que venga a buscarme. A los 5 minutos aparece por el fondo un negro super alto, delgado, de pelo corto, con una actitud alegre y activa, parecía un poco extraño pero era mi única salvación. No paraba de dar saltos, de gritar y reírse, le dije que se callase, que era de madrugada y estaba molestando a los vecinos. Mientras tanto yo le explicaba que podia llevarme al hotel o que podia intentar llamar a mi padre para que me ingrese dinero y así poder pagarle al momento. El se interesó por mi móvil y me dijo que si se lo daba a cambio del viaje, yo no acepté, ya que era lo único que tenia. El negro seguía gritando y saltando hasta que una familia de latinos salieron enfadados gritándonos que nos fuéramos. Justo en ese instante el negro empieza a correr, a saltar de una azotea a otra rápidamente, decidí seguirle pero cuando cruzamos un par de ellas, el negro dio un salto increíble hasta otro edificio. Lo perdí de vista, me quedé pensando si realmente era un trabajador del hotel o quién cojones era, y es que cuando me toqué el bolsillo para coger mi móvil, el hijo de puta se lo había llevado. Ahora estaba en peores condiciones, de bajón, llorando, viendo que la única solución era avisar a la familia latina para pedirles ayuda, me vieron tan triste e indefenso que decidieron acogerme en su casa y llamar a la policía.

LA MALETA